Pese a sus beneficios ambientales comprobados, el uso y producción de biodiésel también implica impactos y limitaciones importantes:
- Deforestación y pérdida de biodiversidad. La expansión de cultivos para biodiésel, como la palma de aceite, ha provocado la tala masiva de bosques en regiones como Malasia, Borneo y Sumatra, con consecuencias sociales y ecológicas graves.
- Desplazamiento de comunidades. En algunos casos, la producción de biodiésel ha implicado violaciones a derechos humanos y desplazamiento de poblaciones indígenas.
- Problemas técnicos. Su capacidad solvente puede dañar mangueras de caucho o filtros. Además, presenta menor densidad energética y problemas de fluidez en climas fríos.
- Caducidad y logística. Es degradable e hidrófilo, por lo que no puede almacenarse por periodos largos sin planificación.
El biodiésel ofrece una oportunidad real de reducir la huella ambiental del transporte, pero no está exento de desafíos. Pensar en él como una solución sostenible exige abordar de forma crítica sus impactos sociales y ecológicos, ajustar sus procesos productivos y evitar prácticas destructivas. Solo así podrá consolidarse como una alternativa energética viable y coherente con los principios de sostenibilidad.
En este sentido, la participación del sector privado juega un papel esencial, debido a que la adopción de prácticas e insumos realmente sostenibles desde las empresas crea un impacto significativo.
Por esta razón, los dueños de Corporativo Kosmos, una Empresa Socialmente Responsable, implementan medidas como el uso de químicos biodegradables y la generación de energía a través de paneles solares.